Entrega nº 22. “Los mal pensados, que haberlo haylos,…”

mayo 9, 2011 | Deje usted un comentario

Los mal pensados, que haberlo haylos, cruzan esos supuestos elementales del deseo personal con la bastardía de las influencias y con la bizarría de las conquistas materiales. Un político, por pequeño que sea el cargo y por mínima que sea su jurisdicción adquiere visibilidad, notoriedad y presencia en su entorno menor y ello alimenta una extraña libido del cargo público.

Y alimenta las oportunidades de medrar y hacerse un hueco en la agenda local y en la lista de beneficiados en el sorteo de la democracia. Aunque él mismo haya sido, hasta ese preciso momento de colocarse en posición de firmes-electorales, un perfecto desconocido, un ser prescindible o un advenedizo. La bendición que otorga su presencia en ese lugar sagrado aunque algo laico, parece revestirle de nuevos atributos y de dignidades superfetatorias. (Continuará).


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