La hora de la comida resultó…

febrero 24, 2011 | Deje usted un comentario

La hora de la comida resultó muy ajetreada no sólo en la sede del Consistorio, donde se movían abatidos los colaboradores de Gal, algunos funcionarios, inspectores judiciales y una turba de curiosos que, retenidos por la Policía Municipal, trataban de recabar noticias de última hora.
—”Y ¿ahora qué?” se preguntaban algunos.
— “¿Quién recogerá la Alcaldía y quien será el próximo candidato a Alcalde del partido enlutecido? ¿El esmirriado de Gonzalo Manuel Menor o la presumida de Flor Romana?”. —“Tampoco olvidéis a León José Carrillo, que manda mucho más de lo que parece”.
—”¿Y Luciano Rubio?, no pitaba mucho y se movía en todas las fotos y saraos”.
—”Eso era antes. Ahora Rubio está frito, incluso quemado, de concejal en un pueblucho olvidado”.

Sólo se sabía en las barras del Niágara y del España en los pasillos del Guadiana, en los comedores y reservados de Cal y Canto y en todos los mentideros locales, que el juez había, tras un hallazgo sorprendente, decretado el secreto de sumario y solicitado al forense la práctica de la autopsia del cadáver de Gal. Tras ello, Cazuela se había retirado a su sede administrativa, había precintado el despacho de Gal Esquinas y había eludido a la prensa que se debatía entre la extrañeza y la ansiedad. Apenas probó un bocado de un emparedado que le habían subido del café Santa Eugenia y bebió un café tibio, sentado ante su mesa atestada de papeles, sumarios en curso e informes varios. Mientras su mano derecha movía el tarjetón, como el que se da aire un caluroso día de verano pero no ahora en el curso del comienzo del invierno, su mirada se perdía por un cielo entrampado de nubes grises y amarillos sucios que presagiaban toda la melancolía del solsticio.
No había conocido al Alcalde Gal Esquinas más que por referencias indirectas y todo le hacía pensar en la extrañeza de esa muerte con dedicatoria o de ese suicidio firmado. No había sido Gal un hombre caracterizado por su amor a las letras, según parece; era un tipo de regidor de esa generación de políticos impulsivos y poco reflexivos, de veta brava en suma. Caracterizados más por su impronta de gestos que de pensamientos. Un político de sangre, reconocían en la prensa y en los medios informativos; pero poco más. Por ello, llamaba más la atención esa despedida escrita y casi cifrada. ¿que habría querido decir con ese texto acróstico o cifrado, si es que habría querido decir algo?(Continuará).


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