El tarjetón, que Cazuela retiró…

febrero 22, 2011 | Deje usted un comentario

El tarjetón, que Cazuela retiró de las manos cada vez más frías de Gal Esquinas, mientras esperaba la llegada del forense cerca ya del mediodía, no aclaraba nada, pero turbaba mucho, como turba cualquier cadáver con un signo extraño que rompe la quietud de la muerte. Un texto redactado de forma completa y mostrado casi ostensiblemente, parecía desvirtuar la hipótesis primera de una muerte natural y quieta. Rara vez el asalto de una muerte natural que no avisa, te deja acabar algo o te da tiempo para finalizar una tarea entre manos, y esta queda inacabada. Si Gal Esquinas fue golpeado por una muerte natural, es increíble o poco razonable, que terminara el texto redactado del tarjetón prendido en su extremidad superior derecha. O incluso, el que se siente mal de forma súbita reclama ayuda y auxilio pronto al que se haye a mano y próximo, dejando de hacer lo que tuviera en sazón y abandonando pluma, tarjeta o teléfono. Si Gal aquejado por un golpe súbito hubiera gritado, seguro que Manzano habría captado el grito de dolor, como un aviso y ese grito no sólo habría alertado a los vecinos próximos sino que hubiera interrumpido la tarea y ese redactado del tarjetón quedaría medio concluido. Pero el texto del tarjetón CIUDAD REAL SOLO ES/QUE SOLO ES REAL EN LA CIUDAD, ¿podía considerarse un texto concluido?, o ¿acaso faltaba alguna palabra más, que le diera algún sentido final a la frase? Tal como CULPABLE o como INOCENTE; tal vez, MI AFÁN, MI ESFUERZO o MI EMPEÑO, en esa primera línea perdida. Para otorgar al lector el fruto de un esfuerzo inteligible y ya tangible: “Ciudad Real sólo es culpable”, o tal vez, “Ciudad Real sólo es mi empeño”.
Más difícil era enhebrar un sentido a la segunda línea del texto, que aludía a algo que sólo es ‘real en la ciudad’. Pero ¿en qué ciudad?, ¿en ésta o en cualquier otra? y ¿qué realidad era esa, que barruntaba Gal a la muerte presentida? La primera falta de algunas de las palabras citadas, daría como resultado casi una acusación genérica y velada: CIUDAD REAL SOLO ES CULPABLE y correspondería al texto de un suicida por amor. Pero ¿culpable de qué?, ¿de la muerte que se avecina y se presume?, ¿de un desencanto irremediable?, ¿ de un distanciamiento constante y creciente?, ¿de haberle votado?; ¿de un fracaso en la gestión, prometida y publicitada en la pasada Campaña Electoral? ¿Tanto amargó el carácter de Gal Esquinas su desempeño de la Alcaldía y la penumbra clara de ese despacho mal orientado al este y al norte? Y ¿qué es aquello que sólo cobra visos de realidad en la ciudad?
La segunda posibilidad de la palabra ausente de la primera línea, incluso, tiene un aire sutil de despedida y por eso el texto muestra el desvalimiento de un empeño fracasado: CIUDAD REAL SOLO ES MI EMPEÑO. Un suicida –si es que Gal lo era– suele aprovechar ese gesto de despedida del que traza unas líneas, para justificar su despedida anticipada y no pactada, y eludir con ello a falsos culpables, al trabajo extra para la Policía Judicial en días tan saturados de esfuerzos y a nuevas pesquisas. Y aquellas letras –reconocidas por varios colaboradores como escritas por la propia mano de Gal Esquinas, como si fuera un testamento hológrafo– no parecían aclarar o justificar tal hipótesis, aunque sí habían determinado las pericias grafológicas que las frases estaban concluidas, al situarse un punto minúsculo tras la última D del texto, que daba y finlizada por acabada la redacción. Por lo que en la cabeza y en las notas de Cazuela el texto no solo estaba concluido sino que debía de ser la clave del enigma de esa muerte imprevista que cargaba de mal fario el sorteo del día siguiente; si es que aquello –esa muerte extraña y precipitada en las vísperas navideñas– era un enigma y no se trataba más que de una extraña coincidencia de la llegada del solsticio y de la proximidad de la Navidad que abre un sorteo lotero muy ruidoso. (continuará).


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